domingo, 3 de febrero de 2013

El Rey Lear (William Sheakspeare)

Escribo esta entrada después de asistir a la puesta en escena de Ximo Flores en el Teatro Rialto de Valencia. Un clásico readaptado con mucho acierto; con algo de riesgo pero con mucho tino.

Leida hace ya algún tiempo, esta pieza del genio Inglés ya me pareció en su momento una obra maestra, no sólo por el lenguaje elevado y la potencia de cada uno de los personajes, sino -y esto es lo sorprendente- por lo actual de sus planteamientos. Y es que, en el fondo, los elementos que conforman el alma humana y el sentido último de la vida (las relaciones familiares, la traición, la locura, la fidelidad, la muerte como factor final) son tan propios del hombre del Siglo XVII como de un funcionario del ayuntamiento de hoy. Y eso es lo mágico que tiene la literatura: un autor te habla desde el fondo de los siglos y tu eres capaz de entenderlo como si fuera el susurro de alguien que viaja a tu lado en el autobús.

Respecto de la puesta en escena de Ximo Flores, desde mi punto de vista es alucinante, impactante. Todos los actores están acertadísimos: es una obra que trata de las grandes pasiones, así que pasionales son todos los personajes. Y lo bueno del gran teatro, es que no lo hacen falta muchos artificios para convertirse en un espectáculo; bastan cuatro elementos decorativo-simbólicos, quizás una pantalla de proyección para descerrajar alguna imagen, y poco más.

Ver un Sheakspeare siempre deja algo en uno. Algo que se deja sentir allá en el fondo del estómago, el lugar donde habitan los sentimientos difícilmente explicables.

Fenomenal. ¡¡¡ 

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