domingo, 8 de enero de 2012

DIME QUIEN SOY (Julia Navarro)


Un libro sin pretensiones particulares. En el ámbito literario digo, donde sin duda no pasará a la historia por haber abierto una puerta a la prosa innovadora. La fuerza en este caso habita en la historia; la de Amelia Garaoya, una mujer de su tiempo fuera de su tiempo, aventurera, sagaz, determinada...aunque con acierto la propia autora nos la presenta como una mujer a la que su destino le llega impuesto por las veleidades de la vida y del amor. No es, pues, una heroina, sino más bien una mujer sujeta al contubernio de las fuerzas de una época y de terceros, que posiblemente hubieran dejado a cualquier otra sumida en el más absuto de los conformimos, pero que el espíritu indomito de la protagonista la llevan a vagar entre miles de aventuras de un lugar a otro.
Lo curioso del caso, es que dime quien soy, es un libro que temporalmente hablando comienza donde (más o menos) acaba la Caida de los Gigantes de Follet, y por tanto con la estela de la revolución sovietica recién cumplida. Por tanto valga el comentario efectuado en el post anterior: para los jóvenes y no tanto que quieran actualizar los puntos álgidos de la primera cincuentena del siglo pasado, nada mejor que embocar las mil novecientas hojas que suman entre ambas novelas, para hacerse una idea aproximada de como fueron las cosas.
Insisto en que el libro divierte, mantiene alerta al lector, pero no es pretencioso en cuanto a sus ambiciones literarias. Además corre un ligero riesgo de circularidad:  las historias parecen repetirse una y otra vez, en distintos tiempos ficticios, en distintas etapas históricas...pero lo cierto es que queda una cierta sensación de dejà vu, de esa escena ya la he visto yo antes...Igualmente el final es algo previsible, un lector mínimamente inteligente lo percibe ya...además la autora deja algún que otro "más que evidente" cabo suelto.
De esos libros que la gente suele llamar de Verano, que colman las librerías, que se venden como churros de feria, pero que dejan un cierto sin sabor desustanciado.


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