domingo, 15 de mayo de 2011

TODO ES SILENCIO (Manuel Rivas)



Paseo por Coruña. Rozando las navidades del 2010. Una ciudad de mar, que huele a mar y suena a gaviota. Entró en una librería de la calle Juan Florez, justo al lado del hotel. Nada destacable entre sus vitrinas, aunque en un lugar primerisímo exponen este libro de Rivas. No me decido si comprarlo o no, pero lo cierto es que las reminiscencias de otro libro del autor "Los Libros arden mal" que me encandiló hasta las entrañas me obligan a un severo homenaje y me decido a comprar este libro.

No es libro de leer en una tacada o de engullir de un tirón. Una vez más la historia es lo de menos y lo que cuenta es la prosa lírica. Cómo se notan los visos poetas del autor, la capacidad para el lirismo, la metáfora, el mundo mágico y lo simbólico. Cada frase parece estar forjada una y mil veces, reasada en cada palabra, ajustada hasta el encaje perfecto.

Narra la historia de un pequeño pueblo de mar, dominado por un narco megalomano que es jefe, y al tiempo guía espiritual de toda la aldea. La óptica incial es la de tres niños. Cuando el libro avanza los tres protagonistas se convierten en rivales. Dos de ellos optan por seguir el encaje de un pueblo que les fagocita con el telón de fondo de la droga y bajo el dominio de "mariscal". El tercero decide modificar su destino, se convierte en policia, y la suerte de los hados le lleva a investigar a aquellos que en otro tiempo fueron sus compatriotas de la niñez.

Prosa lírica a medio camino de lo real y lo mágico.

Buena literatura, aplastante, aunque en ocasiones un poco cargante, más cuando la trama parece en ocasiones estancarse.



PD.- Al investigar sobre el libro descubre una cierta polémica sobre el mismo. Manuel Rivas sitúa la trama en un pueblo imaginario, Bretema, y parece que tal lugar literario y poético ya había sido utilizado por otra autora gallega tiempo atrás. Los seguidores de esta última han acusado de plagio a Manuel Rivas. Curiosas riñas literarias. Aunque no hay que olvidar la anecdota que cuenta Jung de Nietsche, cuando éste escribe, como novedoso, un cuento que en realidad le habían narrado en su niñez y había quedado arraigado en su incosciente como una semilla tardía.

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