Leo por la red, con algo de desconcierto, que a la buena de Doña Isabel se le califica de una autora comercial; un poco de pérfida literaria que utiliza su arte con la única finalidad de comercializar un producto. Puf, a mí, después de haber leido la primera obra que ha caido en mis manos de esta mujer me suena a envidia insana y manirrota.
Personalmente me ha parecido una novela maravillosa, cargada de una hermosura patente, abierta y plana, sin ambages, sin doble tuerca.
Simplemente bella, esta historia de la niña Eva Luna, que luego llega a mujer a través de las desventuras de una vida de predestino que al final la acaban uniendo a un austriaco extraño y a la propia hija del viento.
Me ha encandilado la prosa, tan simple como hermosa. Creo que no hace falta hacer cosas raras para crear una novela bonita. Sí. Quizás esas tramas enrevesadas o ese lenguaje forzado hasta el agotamiento, sean una buena muestra de coraje, de innovación, de experimento. Pero cuando quieres hacer algo hermoso, las claves son tan sencillas como una buena historia, los adjetivos certeros y las metáforas bien dispuestas.
Se le nota el empalme de la autora con la línea hispanoamericana de lo fantastico incardinado a lo real (he leido que también eso se le critica: una mala copia de Márquez dicen algunos) pero insisto en que me ha resultado una delicia literaria que me ha mantenido el enganche como hacia años que no lo conseguía ningún libro.
Emocionante experiencia, pues

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